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Mirarse un poco el ombligo

Me cuelo entre las entradas de Miguel sobre la isla para contaros que Pilar Tejera del portal Mujeres Viajeras, nos ha dedicado unas palabras. Nos ha hecho mucha ilusión y por eso lo compartimos con vosotros. No dejad de pasaros y veréis cuánta gente hay que realiza sus sueños viajeros.

La isla - 9

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El padre del pequeño Hub os pregunta por señas si le acompañáis a recorrer la jungla. Aceptáis emocionados. Tú ves que él viste pantalón corto y chanclas, así que decides no cambiarte y vas como él. José, Mauricio y Peppe sí llevan pantalón largo y zapatillas de senderismo. Esperas no haberte equivocado. Comenzáis charlando animadamente, quizás presa del nerviosismo, pero el parloteo pronto se acaba junto con el aliento cuando empezáis a ascender. El camino no es fácil, es escarpado y resulta complicado esquivar la vegetación frondosa, fuerte y salvaje de la jungla. Avanzáis despacio, mirándolo todo, haciendo fotos aquí y allá, buscando una excusa para tomar aire. Os detenéis a cada poco y vuestro guía sonríe paciente. Al llegar a un claro casi en la cima os sentáis unos minutos. Otra vez por señas, Li os pide que esperéis, que va a traer agua. Desaparece entre los árboles y al poco regresa con un trozo de liana. La alza delante de tu cara y te dice que bebas el líquido que chorrea d…

La isla - 8

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Cuando la noche se descuelga jungla abajo, deslizándose por la ladera siguiendo la vegetación, la isla se llena de una vida ignota. Es como si la luz del día maquillara la realidad para que te resulte más conocida, pero por la noche ya no hay nada que enmascare la salvaje vida de la jungla. El gecko lanza su canto, heh-hoo!, cuatro veces, heh-hoo!, siempre cuatro veces. Intentas imaginarlo subido en las palmeras, esperando alguna presa o llamando a su pareja. Lo intentas pero no lo consigues, te resulta imposible imaginar un animal que haga ese ruido. Los pájaros parecen inundar con sus aleteos y trinos una jungla que de día parece vacía, hay chasquidos en el bungalow, hay crujidos, quejidos. Aguzas el oído y puedes discernir un animal de otro, pero no sabes de qué clase es: pájaro, insecto, anfibio... Los gritos de los murciélagos se entremezclan con el ulular del viento y la cadente demostración de fuerza del mar. La noche está llena de una vida que no conoces y en el fondo eso te a…

La isla - 7

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Mauricio cuenta que por la noche, cuando apagan todas las luces, la playa se llena de pequeños destellos de luz. Alguien comenta que esas luces son producto de la hierba que se fuma, hay risas y parece que nadie le presta atención. Pero tú recuerdas algo parecido en tu mar hace casi veinte años y no te resistes a comprobarlo. Así que a la noche remoloneas hasta que la oscuridad se hace con todo, todo está completamente cubierto de negro. Esperas a que tus ojos se acostumbren a la repentina oscuridad y te acercas a la playa. Efectivamente hay aquí y allá destellos en el agua, sabes que el plancton brilla y podrías darle una explicación a las luminarias, pero te resistes a quitarle esa cualidad mágica que tiene ver ese segundo cielo centelleante a tus pies. Entras en el agua y tus pies rompen un mar de estrellas, avanzas hipnotizado y te dejas envolver por las olas y nadas entre los destellos de un mar mágico que te deja una sensación de libertad y alegría durante horas, una dicha jubil…

La isla - 6

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Llegamos tan seguros de nosotros mismos y de nuestra forma de vida que nos miran desconcertados, como si se les escapara algo, como si fuésemos sabios casi sobrenaturales. Entonces les ves reir, les ves acercarse al mar, les ves adentrándose en la jungla con una obscena naturalidad, ves la facilidad con la que se desprenden de lo que nosotros suponemos básico, cómo aceptan la relatividad de la vida. Y cuando menos te lo esperas eres tú el que los mira desconcertado sin comprender el secreto de semejante hallazgo. Te empiezas a hacer pequeño, miras desde abajo, y te falta poco para pedirles perdón por venir a la isla y romper su encanto. Lo más que puedes hacer es intentar pasar desapercibido, hacerte cada vez más insignificante hasta volverte invisible y desaparecer.



Hay una rutina oculta que no vemos al principio. Al llegar la isla te abruma con su belleza: la playa, los cocoteros, las camas en la orilla, el runrún del mar, el susurro de la brisa. Todo parece dispuesto para que te que…

La isla - 5

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Creo que la isla no quiere que nos vayamos. Prepara unos días espléndidos. Las mañanas están llenas de luz, de risas de pájaros, de brisa arrulladora, de bucólicas estampas de vacas pastando bajo los cocoteros, de perros dormidos al sol, de barcos pesqueros lanzando redes por la borda, de horizontes limpios. Las horas se alargan a voluntad y se llenan de una calma onírica, casi irreal. Por momentos te parece vivir un sueño, o más bien una fantasía. No eres más que la imagen que tienes de ti mismo en tu imaginación. Y piensas: ahora voy a levantarme, me estiraré, me harán cosquillas las plumas que esconde la arena, me acercaré a la orilla, notaré el sol rascándome los hombros y me bañaré. Y por ensalmo, lo imaginado se convierte en real. Tú eres tu pensamiento. Tú eres el protagonista de tus mejores sueños. Pero en realidad te das cuenta de que es la isla la responsable. Creo que la isla no quiere que nos vayamos.